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viernes, 30 de marzo de 2012

Cartas a Theo - IV

Antonin Artaud, autor de "Van Gogh: el suicidado de la sociedad".

21/.../ Si yo tuviera la seguridad de esto, sería un trastornado famoso; pero de momento no soy nada famoso;  ya lo ves, no tengo la suficiente ambición de esta gloria como para prender fuego a la pólvora. Prefiero esperar la generación que ha de venir, la que hará en el retrato lo que Claude Monet hace en el paisaje, el paisaje rico y atrevido a lo Guy de Mupassant./.../

22 /.../ Te agradezco mucho tu carta, tu billete de 100 francos incluido e igualmente tu giro de 50 francos. 
 Creo que Gauguin está un poco decepcionado de la buena ciudad de Arlés, de la casita amarilla donde trabajamos y sobre todo de mí.
 En efecto, preveo para él, tanto como para mí, dificultades graves que aún hay que superar./.../                                                                                                                                                      

23 /.../ Mi querido Theo:
 A fin de tranquilizarte completamente a mi respecto, te escribo unas breves frases en el gabinete del interno señor Rey a quien ya conoces. Me quedaré todavía algunos días aquí, en el hospital; después, espero volver muy tranquilamente a mi casa.
 Ahora te ruego una sola cosa, que no te inquietes; porque entonces me provocarías una inquietud más.
 Hablemos ahora de nuestro Gauguin: ¿lo he asustado? En fin ¿por qué no da señales de vida? Debe haberse ido contigo. Él tenía por otra parte necesidad de volver a París y allí se sentiría más a gusto que aquí. Dile a Gauguin que me escriba y que pienso siempre en él./.../

24 /.../  Según esto, si me rehago, debo recomenzar  y no podré alcanzar de nuevo esas cumbres  donde la enfermedad me ha imperfectamente arrastrado.

25/.../  Tú sabes que Gauguin, por otra  parte, gusta de ellas extraordinariamente. Él me ha dicho, entre otras cosas : “  esto...es...la flor “.
 Sabes que Jeannin posee la peonía, que Quost posee la malvarrosa ; pero yo poseo un poco el girasol.

26/.../  Cuando salí con el bueno de Roulin del hospital me figuraba que no había tenido nada; solamente después   he tenido la sensación de que había estado enfermo. ¿Qué quieres? ; tengo momentos en que vivo arrebatado por el entusiasmo, o la locura, o la profecía, como un oráculo griego en su trípode.

27/.../ Encuentro a Signac muy sereno, cuando se dice que es tan violento;  me parece que posee aplomo y equilibrio, eso es todo. Muy rara vez o nunca he tenido una conversación con un impresionista, que no acabara en desacuerdo o en choques irritantes de ambas partes. También he ido a ver a Jules Dupré, que lo admira.

28/.../ Mi querido amigo Gauguin:                                                                                                               Gracias por haberme escrito de nuevo, mi querido amigo y queda tranquilo, que después de mi regreso he pensado en ti todos los días. No me he quedado en París más que tres días y el ruido, etc., parisiense me causaba tan mala impresión que he juzgado prudente para mi cabeza largarme al campo; de no ser así enseguida hubiera corrido a verte. Y me causa un enorme placer eso que dices de que el retrato de la arlesiana, hecho rigurosamente sobre tu dibujo, te ha gustado.

29/.../ Pues bien, mi trabajo; arriesgo mi vida y mi razón destruida a medias –bueno- pero tú no estás entre los marchands de hombres, que yo sepa... 


VAN GOGH -CARTAS A THEO-

Van Gogh: el suicidado de la sociedad (Antonin Artaud) Es un texto breve y obligatorio: os dejo un fragmento y dos enlaces donde lo podéis leer -muy recomendable-.      http://members.fortunecity.es/lacomunne/docs/literaria/van_gogh.htm
Esta foto es de la IIªedición que Fundamentos publicó en 1977.

 Las cosas van mal porque le conciencia enferma tiene el máximo interés, en este momento, en no salir de su enfermedad. 
Así es como una sociedad deteriorada inventó la psiquiatría para defenderse de las investigaciones de algunos iluminados superiores cuyas facultades de adivinación le molestaban. 
Gerard de Nerval no era loco, pero lo acusaron de serlo con la intención de arrojar descrédito sobre determinadas revelaciones fundamentales que se aprestaba a hacer, y además de acusarlo, una noche lo golpearon en la cabeza -materialmente golpeado en la cabeza- para que perdiera el recuerdo de los hechos monstruosos que iba a revelar y que, por efecto del golpe, pasaron, dentro de él, al plano supranatural; porque toda la sociedad, secretamente confabulada contra su conciencia, era bastante fuerte en ese momento como para hacerle olvidar su realidad. 
No, Van Gogh no era loco [3], pero sus cuadros constituían mezclas incendiarias, bombas atómicas, cuyo ángulo de visión, comparado con el de todas las pinturas que hacían furor en la época, hubiera sido capaz de trastornar gravemente el conformismo larval de la burguesía del Segundo Imperio, y de los esbirros de Thiers, de Gambetta, de Félix Faure tanto como los de Napoleón III. 
Porque la pintura de Van Gogh no ataca a cierto conformismo de las costumbres, sino al de las instituciones mismas. Y hasta la naturaleza exterior, con sus climas, sus mareas y sus tormentas equinocciales, ya no puede, después del paso de Van Gogh por la tierra, conservar la misma gravitación. 
Con mayor motivo en el plano de lo social, las instituciones se disgregan, y la medicina semeja un cadáver inutilizable y descompuesto que declara loco a Van Gogh. 
Frente a la lucidez de Van Gogh en acción, la psiquiatría queda reducida a un reducto de gorilas, realmente obsesionados y perseguidos, que sólo disponen, para mitigar los más espantosos estados de angustia y opresión humana, de una ridícula terminología, digno producto de sus cerebros viciados. 
En efecto, no hay psiquiatra que no sea un notorio erotómano. 
Y no creo que la regla de la erotomanía inveterada de los psiquiatras sea pasible de ninguna excepción. 
Conozco uno que se rebeló, hace algunos años, ante la idea de verme acusar en bloque al conjunto de insignes crápulas y embaucadores patentados al que pertenecía. 
En lo que me a mí respecta, señor Artaud -me decía- no soy erotómano, y lo desafío a que presente una sola prueba para fundamentar su acusación. 
No tengo más que presentarlo a usted mismo, Dr. L..., [4] como prueba;lleva el estigma en la jeta,pedazo de cochino inmundo.
     
                                                                                                                                                                              

jueves, 15 de marzo de 2012

Hölderlin: el poeta huido.

De nada sirve, pero no por ello deja de conmoverme el tránsito de un poeta solar excepcional desde ese luminoso día vital que nos regala en sus Elegías  o en Hiperión a esa noche incierta y turbadora en la que se sumerge durante gran parte de su vida. Cuesta entender esa desaparición, no total, -eclipse parcial sería expresión más afortunada- . Los llamados Poemas de la Locura siguen siendo poesía de primera magnitud y parecen estar escritos en los momentos en que esa luz solar vuelve a llegar a su espíritu exquisito apartando esa oscuridad que se ha abatido sobre este inigualable poeta.
 "...¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino..."

Friedrich Hölderlin (Hiperión)

Edit. Hiperión (traduc. de Jesús Muñarriz) http://mateosantamarta.blogspot.com/search/label/Friedrich%20H%C3%B6lderlin
Treinta y seis años tenía Hölderlin cuando declarado loco, fue acogido en su casa de Tubinga, junto al Neckar, por el carpintero Zimmer. Treinta y siete más vivió en aquella casa, olvidado del mundo, de sus amigos, de sus contemporáneos, en constante diálogo consigo mismo y con la Naturaleza. De las muchas páginas que allí escribió, prácticamente todas se han perdido. Estos 49 poemas que aquí se recogen y traducen al castellano son una ínfima muestra de su actividad intelectual en aquellos años, pero son también lo único que de ellos nos queda. Hemos recogido igualmente, junto a los poemas, algunos testimonios de sus contemporáneos que arrojan luz sobre los años oscuros del poeta. 
...
La Primavera
Olvida el hombre las aflicciones del espíritu,
Pues florece la Primavera, y casi todo es radiante,
El campo verde maravilloso se extiende
Y por él brilla bajando la  hermosura de un arroyo.

De árboles cubiertos se levantan los montes, 
Y en los abiertos espacios el aire es maravilla,
El amplio valle se extiende por el mundo
y torre y casa se recuestan en las colinas.
Humildemente 
Scardanelli.
(Poemas de la locura, ed. Hiperión, trad. de Txaro Santoro y José María Alvarez)

DER JÜNGLING AN DIE KLUGEN RATGEBER 


Ich sollte ruhn? Ich soll die Liebe zwingen,


Die feurigfroh nach hoher Schöne strebt?

Ich soll mein Schwanenlied am Grabe singen,

Wo ihr so gern lebending uns begräbt?


O schonet mein! Allmächtig fortgezogen,


Muss immerhin des Lebens frische Flut

Mit Ungeduld im engen Bette wogen,

Bis sie im heimatlichen Meere ruht.


Des Weins Gewächs verschmäht die kühlen Tale,


Hesperiens beglückter Garten bringt

Die goldnen Früchte nur im heissen Strahle,

Der, wie ein Pfeil, ins Herz der Erde dringt.

Was sänftiget ihr dann, wenn in den Ketten
Der eh'rnen Zeit die Seele mir entbrennt,
Was nimmt ihr mir, den nur die Kämpfe retten,
Ihr Weichlinge! mein glühend Element?


Das Leben ist zum Tode nicht erkoren,


Zum Schlafe nicht der Gott, der uns entflammt,

Zum Joch ist nicht der Herrliche geboren,

Der Genius, der aus dem Ärther stammt;

Er Kommt herab; er taucht sich, wie zum Bade,
In des Jahrjunderts Strom, und glücklich raubt
Auf eine Zeit den Schwimmer die Najade,
Doch hebt er heitrer bald sein leuchtend Haupt.


Drum lasst die Lust, das Grosse zu verderben,


Und geht und sprecht von eurem Glücke nicht!

Pflanzt keinen Zedernbaum in eure Schreben!

Nimmt keinen Geist in eure Söldnerspflicht!

Versucht es nicht, das Sonnenross zu läbmen,
Lasst immerhin den Sternen ihre Bahn!
Und mir, mir ratet nicht, mich zu bequemen,
Und macht mich nicht den Knechten untertan.


Und könnt ihr ja das Schöne nicht ertragen,


So führt den Kreig mit offner Kraft und Tat!

Sonst ward der Schwärmer doch ans Kreuz geschlagen,

Jetzt mordet ihn der sanfte kluge Rat;

Wie manchen habt ihr herrlich zubereit
Fürs Reich der Not! wie oft auf euern Sand
Den hoffnungsfrohen Steuermann verleitet
Auf kühner Fahrt ins warme Morgenland!


Umsonst! mich hält die dürre Zeit vergebens,


Und mein Jahrhundert ist mir Züchtigung;

Ich sehne mich ins grüne Feld des Lebens

Und in den Himmel der Begeisterung;

Begräbt sie nur, ihr Toten! eure Toten!
Und preist das Menschenwerk und scheltet nur!
Doch reift in mir, so wie mein Herz geboten,
Die schöne, die lebendige Natur.




EL JOVEN A SUS JUICIOSOS CONSEJEROS



¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine


este amor ardiente y gozoso, este impulso

hacia la verdad suprema? ¿Que cante

mi canto del cisne al borde del sepulcro

donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar en su mar natal.


La viña desdeña los frescos valles,


los afortunados jardines de la Hesperia

sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago

que penetra como flecha el corazón de la tierra.

¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en elcombate?


La vida no está dedicada a la muerte,


ni al letargo el dios que nos inflama.

El sublime genio que nos llega del Éter

no nació para el yugo.

Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces.


¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!


¡No habléis de vuestra felicidad!

¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla!

¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!

¡No intentéis detener los corceles del sol
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta,
no pretendáis que sirva a los esclavos!


Y si no podéis soportar la hermosura,


hacedle una guerra abierta, eficaz.

Antaño se clavaba en la cruz al inspirado,

hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.

¡Cuántos habéis logrado someter
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza
para las iluminadas orillas del Oriente!


Es inútil: esta época estéril no me retendrá.


Mi siglo es para mí un azote.

Yo aspiro a los campos verdes de la vida

y al cielo del entusiasmo.

Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza.


En el borrador de una carta sin fecha, Hölderlin escribe: “Estoy maduro no para la paz muerta de la tumba, sino para una vida más feliz, más tranquila que ésta; incluso espero no estar largo tiempo ya sobre esta tierra, de la que ni siquiera las alegrías me atraen; espero que las tijeras fatales de la Parca vengan a cortar el hilo de mi vida, y en verdad puedo decir que espero el fin con tranquilidad, incluso con placer y alegría”.

sábado, 10 de marzo de 2012

Obras maestras de la iluminación (Taschen)

Libro de los antídotos
Kitab ad-Diryaq (1199)

                                                                          Conversaciones
                                                                       al-Hariri (1104-1122)


                                                                El libro de la veterinaria equina
                                                                          Kitab al-Baitara (1210)

                                                                        Aforismos y discursos
                                                                    al- Mubashishir (siglo XI)