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jueves, 4 de enero de 2018

Rabindranath Tagore > Gitanjali (Ofrenda lírica) (Entrada I)

Romain Rolland y Rabindranath Tagore.
Mantuvieron una gran amistad y amplia amplia correspondencia hasta que Tagore habló favorablemente de la situación en Italia en 1926.
(Información sacada del prólogo del editor -el laberinto 13-)

I

Me has hecho infinito, este ha sido tu placer. Apuras sin cesar este frágil vaso, y vuelves a llenarlo 
nuevamente de vida joven.
Te has llevado por colinas y valles esta pequeña flauta de caña y has soplado en ella melodías
eternamente nuevas.
Al inmortal contacto de tus manos, mi alegre corazón rompe sus límites y se vierte en inefables expansiones.
Sólo tengo mis pequeñas manos para recoger tus dones infinitos. Y pasan los tiempos, y tú sigues esparciéndolos, y siempre queda algo por llenar.
   
VIII

El niño vestido con ropa de príncipe y cuyo cuello adornan cadenas de joyas no encuentra placer en el juego; a cada paso le estorban sus lujosos ornamentos.
Temiendo estropearlos o llenarlos de polvo, se aparta de la gente y no se atreve ni a moverse siquiera.
Madre, ¿le será bueno permanecer encarcelado en ese lujo, privado del saludable polen de la tierra?
¿No le robas de este modo el derecho de entrar en la gran fiesta de la común vida humana?

XI

¡Deja tus rosarios, cesa en tus cantos y tus salmos! ¿A quién crees honrar en este sombrío rincón solitario de un templo que tiene sus puertas cerradas? Abre los ojos y comprueba que tu Dios no está ante ti.
Está donde el labrador cultiva la dura tierra; y al borde del camino donde trabaja el peón caminero. Está con ellos bajo el sol y la tormenta; su vestido está cubierto de polvo. Despójate de tu piadoso manto y, como Él, desciende también hasta el polvo.
¡Liberación! ¿Dónde pretendes encontrar tu liberación? Nuestro Maestro se envolvió a sí mismo con las ligaduras de la creación, y se ató para siempre a nosotros.
¡Abandona tus meditaciones y aparta tus flores y tu incienso! ¿Qué importa si tus vestidos se rasgan y se ensucian? Ve junto a él y permanece a su lado en el trabajo y en el sudor de tu frente.

XXX

He salido solo para acudir a la cita. ¿Quién es, pues, este que me sigue en la silenciosa oscuridad?
Me desvío para evitar su presencia, pero no consigo escapar.
con sus fanfarronadas levanta polvaredas, y con su voz poderosa remeda todas las palabras que yo pronuncio.
Es mi propio yo miserable, ¡oh Señor! No conoce la vergüenza. Pero yo me avergüenzo de acudir a tu puerta en su compañía.







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