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sábado, 3 de mayo de 2014

Rainer María Rilke > Quinta Elegía de Duino




Rainer María Rilke 
Quinta elegía

¿Pero quiénes son ellos, dime, los ambulantes, los que
son un poco más fugaces aún que nosotros mismos,
los urgentemente retorcidos, desde pequeños, por qué
-¿por amor de quién?- voluntad nunca satisfecha?
Pero ella los retuerce, los dobla, los entrelaza, los
hace girar, los arroja y los vuelve a atrapar;
como provenientes de un aire aceitado y más terso,
bajan a la alfombra desgastada, luida por su salto
perpetuo, a esta alfombra perdida en el universo.
Colocada como un parche, como si ahí el cielo
de los suburbios hubiese herido la tierra.
Y apenas ahí, (...)
                           Para seguir leyendo, pinchad  aquí
Las diez Elegías de Duino aquí
El principio de otra versión -a la que estoy acostumbrado-:
Quinta Elegía
A Hertha Koenig afectuosamente
Pero, ¿quienes son, dime, esos errabundos volatineros,
aún más fugaces que nosotros mismos
a los que ya desde edad muy temprana los retuerce apremiante,
para quién, por inclinación a quién,
una voluntad siempre descontenta? Y los exprime,
los pliega y enlaza, los agita
los lanza y los recoge. Como a través de un aire oleaginoso
resbalan y aterrizan
en la raída alfombra, más y más desgastada por los eternos saltos,
esa alfombra perdida en el espacio.
Puesta como un emplasto, como si el cielo suburbano
causado allí un dolor a la tierra (...)
*Para mí, esta versión es magnífica. Es de Jaime Ferreiro Alemparte y está publicada en 
Nueva Antología Poética por la Colección Austral de Espasa.

4 comentarios:

Adriana Alba dijo...

Que belleza querido amigo!
Rilke me emociona, gracias por ésta Quinta Elegía, gracias por tu visita y nutritivo comentario.
Mil besos y un regalo para el alma.

Un único lugar...

Luego, él recordó determinados momentos en los cuales el poder de este momento se hallaba ya contenido, como en una semilla. Se acordó del instante en que, en aquel otro jardín del su (Capri), la llamada de un pájaro no se detuvo - digámoslo así- en el límite de su cuerpo sino que fue percibida de manera simultánea en el exterior y en el centro de su ser, uniendo ambos en un espacio ininterrumpido en el cual, misteriosamente protegido, sólo restaba un único lugar de la más pura y profunda consciencia. En aquella ocasión, él había cerrado los ojos ... y el Infinito le había penetrado desde todos lados y de un modo tan íntimo que creyó poder sentir las estrellas, que entretanto habían aparecido, reposando dulcemente en su pecho.

Rainer Maria Rilke

mateosantamarta dijo...

Gracias, Adriana. He tenido algún problema con la edición de estos fragmentos y finalmente desisto de hacerlo mejor. Así se queda.
Además la poesía de Rile es tan especial que ella misma se ordena como desea.
No sé ahora mismo de que libro es esa hermosa cita que me dejas. Parece de los Cuadernos de Malte o de las Cartas a un joven poeta.
Besos, amiga. No he transcrito completa la versión que leo normalmente por dos motivos: primero porque soy muy torpe y segundo para que nadie pueda decirme que pirateo. Remito a sus originales.

Isolda dijo...

Ya sabes que Rilke es una de mis asignaturas pendientes, pero sé que apasionará. La versión que manejas me gusta también más. En cualquier caso, s una poesía que llega adentro.
Besos, Mateo.

mateosantamarta dijo...

Claro, Isolda. Creo que es un poeta integral. Su vida y su poesía se mezclan con un resultado excepcional. Besos, amiga.