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martes, 15 de agosto de 2017

Antonio Gamoneda > Arden las pérdidas > Ira > Cuatro poemas.

Amancio González. Hito de la memoria. Mármol. 308x171x103. Está ubicada en Carrocera, León, España.

En Arden las pérdidas -en "Ira", esa sección aún viva y dolorida de recuerdos de la guerra civil- se prefiere por el contrario un lenguaje basado en la elusión y en el impacto de imágenes truncadas e inconexas que dejan en el lector la sensación de estar ante un aguafuerte:

¿Quién viene 
dando gritos, anuncia
aquel verano, enciende
lámparas negras, silba
en la pureza azul de los cuchillos?

(Prólogo de Antología poética. Alianza Editorial. Tomás Sánchez Santiago.)

***

De las violentas humedades, de
los lugares donde se entrecruzan
residuos de tormentas y sollozos,
viene 
esta pena arterial, esta memoria
despedazada.
                               Aún enloquecen
aquellas madres en mis venas.

***

Vienen con lámparas, conducen
serpientes ciegas a
las arenas albarizas.

Hay un incendio de campanas. Se
oye gemir el acero
en la ciudad rodeada de llanto.

***

Vi los alambres y las cuerdas, vi
la semilla del metal y el soto
blanco de espinos y de luz. Con púrpura
se alimentaban los insectos.

***

Bajo la actividad de las hormigas
había párpados y había
agua mortal en las cunetas.

Aún en mi corazón 
hay hormigas.

***

Antonio Gamoneda > Arden las pérdidas. Tusquets editores: Nuevos textos sagrados.






domingo, 25 de junio de 2017

Francisco de Goya > Caprichos > 51 Se repulen.


51 Se repulen.
Francisco de Goya.
En esta ceremonia infernal, parece adivinarse que el cuidado de las uñas debe de estar en relación con la rapacidad. El manuscrito de la Biblioteca Nacional apunta claramente a los funcionarios ávidos: "Los empleados que roban al estado se ayudan y sostienen unos a otros. El Gefe de ellos levanta erguido su cuello, y lo hace sombra con sus alas monstruosas". Es curioso, una vez más, que en el dibujo preparatorio, la figura de la derecha, desnuda en el grabado, lleve hábito monacal.

El texto es del catálogo editado por la Fundación Juan March
Goya
Caprichos - Desastres -Tauromaquia - Disparates.


domingo, 11 de junio de 2017

Antonio Gamoneda > Libro del frío (III).

Entra otra vez en las alcobas blancas.
Grandes son las jarras de la tristeza en las manos mortales.
Entra otra vez en las alcobas blancas.

...

Eres como la flor de los agonizantes
que es invisible mas su aroma entra
en la sombra nasal y es la delicia,
todo en la vida, durante algún tiempo.

...

(Libro del frío > Pavana impura)

...

Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de la últimas ramas.

Esto era el destino:

Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.

...

(Libro del frío > Sábado)

***

Amé las desapariciones y ahora el último rostro ha salido de mí.

He atravesado las cortinas blancas:
  
     ya sólo hay luz dentro de mis ojos. 

...

(Libro del frío > Frío de límites)    

Antonio Gamoneda > Libro del frío
Editorial Siruela.

Puedes ver también otras entradas sobre Libro del frío: 


sábado, 27 de mayo de 2017

Federico García Lorca > Poeta en Nueva York - Versos sueltos II

Mateo Santamarta > Elegía por New York

Sin encontrarse.
Viajero por su propio torso blanco.
Así iba el aire.
(...)
(de RUINA)

***

(...)
Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
(...)
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra,
que da sus frutos para todos.
(de GRITO HACIA ROMA)

***

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve 
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.
(...)
(de PEQUEÑO POEMA INFINITO)

(Poeta en Nueva York; Llanto por Ignacio Sánchez Mejías; Diván del Tamarit. Coleccuón Austral de Espasa-Calpe)





domingo, 14 de mayo de 2017

Federico García Lorca > Versos sueltos del Romancero Gitano

(...)
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas 
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol!
(...)
(De Romance de la Luna)

***

(...)
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
(...)
(De Preciosa y el aire)

***

(...)
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
(...)
(De Reyerta)

***

(...)
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
(...)
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
 desde los puertos de Cabra.
si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
(...)
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde esta tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
(...)
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
(...)
(De Romance sonámbulo)

***

(...)
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
(...)
(De La casada infiel)

***

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
(...)
(De Romance de la pena negra)

***

(...)
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
(...)
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan 
verónicas de alhelí.
(...)
¿Ay, Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen 
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil.
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
(...)
(De Muerte de Antoñito el Camborio)

***

(...)
Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies ,
cinco palomas heladas.
Amnón, delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones de barba.
(...)
Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.
Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras
cortó las cuerdas del arpa.
(De Thamar y Amnón)

***
Tomado de "ROMANCERO GITANO- POEMA DEL CANTE JONDO", Selecciones Austral de Espasa Calpe con prólogo de José Luis Cano.



sábado, 15 de abril de 2017

Federico García Lorca - Poeta en Nueva York - Versos sueltos I (y un poema)

Elegía por Nueva York III (Mateo Santamarta)

(...)
No preguntarme nada. He viso que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!

Nueva york, Agosto 1929

***

(...)
¡Ay Harlem! ¡Ay Harlem! ¡Ay Harlem!
¡No hay angustia comparable a tus ojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra.
a tu gran rey prisionero con un traje de conserje.
(...)
 (de ODA AL REY DE HARLEM)

***

(...)
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
(...)
(de DANZA DE LA MUERTE)

***

NIÑA AHOGADA EN UN POZO

Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes,
pero sufren mucho más por el agua que no desemboca.
Que no desemboca.

El pueblo corría corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores.
¡Pronto! ¡Los bordes! ¡De prisa! Y croaban las estrellas tiernas
...que no desemboca.

Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta
lloras por las orillas de un ojo de caballo.
...que no desemboca.

Pero nadie en lo oscuro podrá darte distancias,
sin afilado límite, porvenir de diamante.
...que no desemboca.

Mientras la gente busca silencios de almohada
tu lates para siempre definida en tu anillo.
...que no desemboca.

Eterna en los finales de unas ondas que aceptan
combate de raíces y soledad prevista.
...que no desemboca.

¡Ya vienen por las rampas! ¡Levántate del agua!
¡Cada punto de luz te dará una cadena!
...que no desemboca.

Pero el pozo te alarga manecitas de musgo,
insospechada ondina de su casta ignorancia.
...que no desemboca.

No, que no desemboca. Agua fija en un punto,
respirando con todos sus violines sin cuerdas
en la escala de las heridas y los edificios deshabitados.

¡Agua que no desemboca!

***

(Poeta en Nueva York; Llanto por Ignacio Sánchez Mejías; Diván del Tamarit. Coleccuón Austral de Espasa-Calpe)





martes, 11 de abril de 2017

Antonio Machado > La saeta

LA SAETA
¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

(Saeta popular)

¡Oh, la saeta , el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

Antonio Machado > Campos de Castilla > La saeta.
(Antonio Machado - Poesías completas. Colección Austral de Espasa)

martes, 4 de abril de 2017

Rainer María Rilke > Cambio.

Acuarela de Mateo Santamarta

CAMBIO

"El camino que lleva de la interioridad a la grandeza pasa a través del sacrificio"
(Kassner)

Hace tiempo que lo ganó en la contemplación.
Estrellas se hincaban a sus pies
bajo la ardiente mirada.
O las contemplaba de hinojos,
y el perfume de su ruego 
fatigaba a una divinidad,
hasta que soñolienta llegó a sonreírle.

Torres se sobresaltaron al sentir 
la intensidad de su mirada:
erigiéndose de nuevo, arriba, de súbito en él.
Pero cuantas veces el paisaje 
sobrecargado de día descansaba 
de noche en su percibir silencioso.
Confiados animales entraban
en su mirada abierta, apacentándose en ella,
y los enjaulados leones
se quedaban absortos como en incomprensible libertad;
pájaros le traspasaron en vuelo rectilíneo,
a él, que estaba sereno; las flores 
se miraron de nuevo en él
grandes como en niños.

Y el rumor de que era un contemplador
llegaba a conmover a las criaturas
menos visibles y más dudosas,
llegaba a conmover a las mujeres.

¿Cuánto tiempo estuvo contemplando así?
¿Desde cuando estaba allí absteniéndose íntimamente,
suplicante desde el fondo de su mirada?

Si, hecho a la espera, se sentaba en medio de la extrañeza
de un aposento, de un cuarto disperso, enajenado,
hosco por su presencia, y en el equívoco espejo,
de nuevo el mismo cuarto,
y después de la torturante cama,
otra vez lo mismo,
entonces algo deliberaba en el aire,
algo inaprensible deliberaba
sobre su sencillo corazón,
sobre un corazón dolorosamente ahogado por su cuerpo,
deliberaba y falló
que lo que le faltaba era el amor.

(Y le fue denegada la ulterior consagración.)

Pues hay, mira, un límite de la contemplación.
Y el mundo más contemplado
quiere crecer en el amor.
La obra de los ojos está hecha,
haz ahora la obra del corazón
con las imágenes en ti, aquellas que has captado;
pues tú las dominaste: pero ahora no las conoces.
Mira, hombre interior, tu muchacha interior,
esa criatura ganada de innumerables
naturalezas, ganada tan sólo, pero jamás amada todavía.

París, 20 de Junio de 1914

Texto tomado de la NUEVA ANTOLOGÍA POÉTICA
Colección Austral
Versión de Jaime Ferreiro Alemparte






lunes, 13 de marzo de 2017

Mujeres. Un poema de Elvira Daudet.

Dibujo de Mateo Santamarta

Mujeres.

Hay mujeres hermosas como estatuas de hielo,

que viven entre pétalos y plumas
en el dulce refugio de las rosas.
Todo es bello en sus vidas, delicado; 
no saben del dolor, nunca han amado.
Los hombres las adoran, las protegen,
roban por sus favores,
dan la vida por ellas: son las diosas.
Hay mujeres araña, perversas viudas negras,
que tejen con sus lágrimas la tela
de sutil pedrería para cazar marido con fortuna, 
y luego devorarlo: son las brujas.
Damas sofisticadas, de dorada apariencia
y corazón de cuarzo,
lo mismo que los ríos que se adornan
con los oros prestados del otoño
y sólo guardan piedras en el fondo.
O vulgares, con vocación de mando
y agrio zumo, que únicamente gozan
paseando a los hombres con cadenas.
Las hay puras y tiernas, niñas no terminadas,
con candorosos ojos de vidriera,
que por su perfección y su rareza 
sus propietarios guardan celosos en vitrinas,
como el mayor tesoro. Con el tiempo,
pierden su juventud y su rareza;
se convierten en objetos olvidados.
Hay mujeres "alegres"
que al amor se jugaron la vida en una apuesta.
Desahuciadas,
abren su tenderete de miserias
al paso clandestino de los hombres,
con la muerte anidando en la mirada 
y la maleta llena de tristeza.
Y hay mujeres sencillas, con los ojos de agua
y la carne de harina,
que aman, trabajan, paren, se deshojan
aferradas a un sueño
-el más lento y cruel de los venenos-
y despiertan a golpes en una pesadilla.
Un monstruo, baba negra y ojos turbios,
se ha metido en sus camas y en sus vidas.
Pasado el primer trago
-mitad terror y otra mitad de sangre-,
adictas a la pócima de su amor obstinado,
se instalan el la esperanza inútil de que el cambie.
Penélopes dolientes, ocupadas
en destejer la trama misteriosa
que destruyó al muchacho enamorado.
Los hombres las desprecian, las golpean;
como animales mansos, ellas gimen bajito
y se dejan llevar al matadero.
Las matan a diario, son tan sólo mujeres.
ELVIRA DAUDET > POESÍA COMPLETA > LABERINTO CARNAL
(Ediciones Evohé)

domingo, 26 de febrero de 2017

Miguel Hernández > El hombre acecha > Canción primera; Canción última.

El hombre acecha (1937-1939)


CANCIÓN PRIMERA

Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse 
crispadamente al hombre.

¡Qué abismo entre el olivo
y el hombre se descubre!

El animal que canta:
el animal que puede
llorar y echar raíces,
rememoró sus garras.

Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.

Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.

He regresado al tigre.
Aparta o te destrozo.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre

CANCIÓN ÚLTIMA

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández > El hombre acecha> Canción última.
(Biblioteca clásica y contemporánea Losada.)

sábado, 4 de febrero de 2017

Tres poemas de Charles Bukowski




10 LEONES Y EL FIN DEL MUNDO

en una reputada revista de tirada nacional
(sí, la estaba leyendo)
vi una fotografía de unos leones
que cruzaban una calle
de un pueblo,
sin ninguna prisa;
como
tiene que ser,
y algún día cuando
enciendan las luces
y todo se acabe,
yo estaré sentado aquí
en medio de una humedad pegajosa
pensando en esos 10 malditos
(sí, los conté)
leones,
que paraban el tráfico
mientras las rosas florecían.
todos deberíamos
hacer eso,
ahora que aún hay
t
i
e
m
p
o.

REUNIÓN

el amor del hueso
por la tierra que lo descompuso, eso
es lo que permanece.
y recuerdo estar sentado en la hierba
con el muchacho negro,
estuvimos dibujando bocetos de las partes altas de las casas y
el dijo,
te estás dejando algunas sin dibujar,
estás haciendo trampas
y crucé la calle
en dirección al bar
y
entonces él
-tienes que volver a clase
a las 2, me dijo,
y después se marchó

la clase es lo de menos, pensé,
da igual lo que nos digan.
y si soy una mosca* nunca sabré lo que es un león

estuvo sentado allí hasta las 4´30
y cuando salí
allí estaba él

a Mr. Hutchins le gustó
mi dibujo, me lo dijo

de eso hace más de 20 años

creo
que lo vi la otra noche

era poli en la cárcel de la ciudad
y me dio un empujón
al entrar en la celda

me cuentan
que ya no pinta
más.

*juego de palabras entre fly (mosca) y fly (bar). Se llama barfly a quien siempre está bebiendo en el bar (nota del editor)

DESTROZANDO LA BELLEZA


un rayo de sol
de un rojo rosado
lo desmonto 
en el garaje
como un rompecabezas.
los pétalos están grasientos
como bacon rancio
y caen como doncellas del mundo
con el envés hacia el suelo
y miro hacia arriba
al viejo calendario
que cuelga de un clavo
y toco
mi cara llena de arrugas
y sonrío
porque
el secreto se escapa a mi entender.

Charles Bukowski > Madrigales de la pensión.
(Colección Visor de Poesía. Traducción de J.M.Carrascal)

Tomé prestada esta foto que he retocado un poco enhttp://www.taringa.net/posts/offtopic/19400626/Mal-viaje---Charles-Bukowski.html acompañada por un texto interesante.