http://negraisla.wordpress.com/2011/09/22/sonidos-en-el-papel-iii-pablo-neruda-prologo-a-el-habitante-y-su-esperanza/
Sonidos en el Papel (III) – Pablo Neruda, prólogo a EL HABITANTE Y SU ESPERANZA
Sonidos en el Papel (III) – Pablo Neruda, prólogo a EL HABITANTE Y SU ESPERANZA
[...] Yo tengo siempre predilecciones por las grandes ideas, y aunque la literatura se me ofrece con grandes vacilaciones y dudas, prefiero no hacer nada a escribir bailables o diversiones.
Yo tengo un concepto dramático de la vida, y romántico; no me corresponde lo que no llega profundamente a mi sensibilidad.
Para mí fue muy difícil aliar esta constante de mi espíritu con una expresión más o menos propia. En mi segundo libro, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, ya tuve algo de trabajo triunfante. Esta alegría de bastarse a sí mismo no la pueden conocer los equilibrados imbéciles que forman parte de nuestra vida literaria.
Como ciudadano, soy un hombre tranquilo, enemigo de leyes, gobiernos e instituciones establecidas. Tengo repulsión por el burgués, y me gusta la vida de la gente intranquila e insatisfecha, sean éstos artistas o criminales.
PABLO NERUDA

Magnífico homenaje !
A la medida de la grandeza de Neruda !
"Dejo a los sindicatos
del cobre,del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria,saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio,descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos."
-De:Canto general de Chile -
Un abrazo.
El Winnipeg:
"En el mismo sitio de embarque se juntaron hombres y mujeres,padres e hijos ,que habían sido separados por largo tiempo.A cada tren que llegaba se precipitaba la multitud de los que esperaban.Entre carreras, lágrimas y gritos ,reconocían a los seres amados.Todos fueron entrando al barco.
Eran pescadores, campesinos , obreros,intelectuales, una muestra de la fuerza, del heroísmo y del trabajo.
MI POESÍA EN SU LUCHA HABÍA LOGRADO ENCONTRARLES PATRIA ."
-Pablo N. "Confieso que he vivido" - Memorias -
Inmensa gratitud por su ayuda a nuestros republicanos en el exilio.
Su poesía, su compromiso y sus convicciones en una gesta que no debemos olvidar.
Gracias, Neruda!
Gracias ,Mateo por este espacio en el que podemos participar.

”Hay dos criaturas muy especiales en la vida de Pablo Neruda: el cisne cuello negro y un insecto sin nombre, pero muy bien descrito, el coleóptero del coihue y de la luma. Dos recuerdos de la infancia, irrepetibles en todo el sentido, pues el poeta nunca volvió a ver seres semejantes.
El cisne cuello negro se lo entregaron ya medio muerto en Puerto Saavedra, en el sur de Chile. En el lago Budi, los cisnes eran cazados con ferocidad. Aquel cisne tenía casi el tamaño del niño: 'Una nave de nieve con el esbelto cuello como metido en una estrecha media de seda negra. El pico anaranjado, los ojos rojos'. Pablo Neruda, entonces Neftalí Reyes, trató de curar sus heridas y de alimentarlo. Lo llevaba al río, 'cargando el pesado pájaro en mis brazos por las calles'. El ave nadaba en la orilla, pero no fue capaz de volver a pescar. Un día notó que el largo cuello le rozaba la cara y caía colgante: 'Así aprendí que los cisnes no cantan cuando mueren'.
El padre de Neruda, José del Carmen, era ferroviario y trabajaba como conductor de un tren de lastre, con base en Temuco. La función del lastrero era volcar piedra menuda para que el agua ('llovía meses enteros, años enteros') no arrastrase los rieles. Neruda nació el 12 de julio de 1904. Su madre moría un mes después del parto, a causa de la tuberculosis. Tuvo una segunda madre, Trinidad, 'el ángel tutelar de mi infancia'. En sus memorias, Confieso que he vivido, habla con fascinación de los viajes en tren con su padre. También habla de 'embriaguez' ante el espectáculo de aquella naturaleza. Recogían la piedra picada en Boroa, 'el corazón silvestre de la frontera'. En una ocasión, un compañero del padre, llamado Monge, con fama de cuchillero, capturó para el crío un insecto asombroso: 'Era un relámpago vestido de arco iris... Como un relámpago se me escapó de las manos y se volvió a la selva'. Y Neruda añade: 'Nunca me he recobrado de aquella aparición deslumbrante'…
Un relámpago vestido de arco iris – Manuel Rivas
http://www.elpais.com/articulo/cultura/CHILE/relampago/vestido/arco/iris/elpepicul/20020913elpepicul_10/Tes
VEGETACIONES
A las tierras sin nombres y sin números
bajaba el viento desde otros dominios,
traía la lluvia hilos celestes,
y el dios de los altares impregnados
devolvía las flores y las vidas.
En la fertilidad crecía el tiempo.
El jacarandá elevaba espuma
hecha de resplandores transmarinos,
la araucaria de lanzas erizadas
era la magnitud contra la nieve,
el primordial árbol caoba
desde su copa destilaba sangre,
y al Sur de los alerces,
el árbol trueno, el árbol rojo,
el árbol de la espina, el árbol madre,
el ceibo bermellón, el árbol caucho,
eran volumen terrenal, sonido,
eran territoriales existencias.
Un nuevo aroma propagado
llenaba, por los intersticios
de la tierra, las respiraciones
convertidas en humo y fragancia:
el tabaco silvestre alzaba
su rosal de aire imaginario.
Como una lanza terminada en fuego
apareció el maíz, y su estatura
se desgranó y nació de nuevo,
diseminó su harina, tuvo
muertos bajo sus raíces,
y luego, en su cuna, miró
crecer los dioses vegetales.
Arruga y extensión, diseminaba
la semilla del viento
sobre las plumas de la cordillera,
espesa luz de germen y pezones,
aurora ciega amamantada
por los ungüentos terrenales
de la implacable latitud lluviosa,
de las cerradas noches manantiales,
de las cisternas matutinas.
Y aun en las llanuras
como láminas del planeta ,
bajo un fresco pueblo de estrellas,
rey de la hierba, el ombú detenía
el aire libre, el vuelo rumoroso
y montaba la pampa sujetándola
con su ramal de riendas y raíces.
América arboleda,
zarza salvaje entre los mares,
de polo a polo balanceabas,
tesoro verde, tu espesura.
Germinaba la noche
en ciudades de cáscaras sagradas,
en sonoras maderas,
extensas hojas que cubrían
la piedra germinal, los nacimientos.
Útero verde, americana
sabana seminal, bodega espesa,
una rama nació como una isla,
una hoja fue forma de la espada,
una flor fue relámpago y medusa,
un racimo redondeó su resumen,
una raíz descendió a las tinieblas.
LA UNITED FRUIT CO.
Cuando sonó la trompeta, estuvo
todo preparado en la tierra,
y Jehova repartió el mundo
a Coca-Cola Inc., Anaconda,
Ford Motors, y otras entidades:
la Compañía Frutera Inc.
se reservó lo más jugoso,
la costa central de mi tierra,
la dulce cintura de América.
Bautizó de nuevo sus tierras
como “Repúblicas Bananas,”
y sobre los muertos dormidos,
sobre los héroes inquietos
que conquistaron la grandeza,
la libertad y las banderas,
estableció la ópera bufa:
enajenó los albedríos
regaló coronas de César,
desenvainó la envidia, atrajo
la dictadura de las moscas,
moscas Trujillos, moscas Tachos,
moscas Carías, moscas Martínez,
moscas Ubico, moscas húmedas
de sangre humilde y mermelada,
moscas borrachas que zumban
sobre las tumbas populares,
moscas de circo, sabias moscas
entendidas en tiranía.
Entre las moscas sanguinarias
la Frutera desembarca,
arrasando el café y las frutas,
en sus barcos que deslizaron
como bandejas el tesoro
de nuestras tierras sumergidas.
Mientras tanto, por los abismos
azucarados de los puertos,
caían indios sepultados
en el vapor de la mañana:
un cuerpo rueda, una cosa
sin nombre, un número caído,
un racimo de fruta muerta
derramada en el pudridero.
AMÉRICA INSURRECTA
NUESTRA tierra, ancha tierra, soledades,
se pobló de rumores, brazos, bocas.
Una callada sílaba iba ardiendo,
congregando la rosa clandestina,
hasta que las praderas trepidaron
cubiertas de metales y galopes.
Fue dura la verdad como un arado.
Rompió la tierra, estableció el deseo,
hundió sus propagandas germinales
y nació en la secreta primavera.
Fue callada su flor, fue rechazada
su reunión de luz, fue combatida
la levadura colectiva, el beso
de las banderas escondidas,
pero surgió rompiendo las paredes,
apartando las cárceles del suelo.
El pueblo oscuro fue su copa,
recibió la substancia rechazada,
la propagó en los límites marítimos,
la machacó en morteros indomables.
Y salió con las páginas golpeadas
y con la primavera en el camino.
Hora de ayer, hora de mediodía,
hora de hoy otra vez, hora esperada
entre el minuto muerto y el que nace,
en la erizada edad de la mentira.
Patria, naciste de los leñadores,
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña
una gota de sangre voladora,
y hoy nacerás de nuevo duramente
desde donde el traidor y el carcelero
te creen para siempre sumergida.
Hoy nacerás del pueblo como entonces.
Hoy saldrás del carbón y del rocío.
Hoy llegarás a sacudir las puertas
con manos maltratadas,con pedazos
de alma sobreviviente, con racimos
de miradas que no extinguió la muerte,
con herramientas hurañas
armadas bajo los harapos.
III
Vienen los pájaros
Todo era vuelo en nuestra tierra.
Como gotas de sangre y plumas
los cardenales desangraban
el amanecer de Anáhuac.
El tucán era una adorable
caja de frutas barnizadas,
el colibrí guardó las chispas
originales del relámpago
y sus minúsculas hogueras
ardían en el aire inmóvil.
Los ilustres loros llenaban
la profundidad del follaje
como lingotes de oro verde
recién salidos de la pasta
de los pantanos sumergidos,
y de sus ojos circulares
miraba una argolla amarilla,
vieja como los minerales.
Todas las águilas del cielo
nutrían su estirpe sangrienta
en el azul inhabitado,
y sobre las plumas carnívoras
volaba encima del mundo
el cóndor, rey asesino,
fraile solitario del cielo,
talismán negro de la nieve,
huracán de la cetrería.
La ingeniería del hornero
hacía del barro fragante
pequeños teatros sonoros
donde aparecía cantando.
El atajacaminos iba
dando su grito humedecido
a la orilla de los cenotes.
La torcaza araucana hacía
ásperos nidos matorrales
donde dejaba el real regalo
de sus huevos empavonados.
La loica del Sur, fragante,
dulce carpintera de otoño,
mostraba su pecho estrellado
de constelación escarlata,
y el austral chingolo elevaba
su flauta recién recogida
de la eternidad del agua.
Mas, húmedo como un nenúfar,
el flamenco abría sus puertas
de sonrosada catedral,
y volaba como la aurora,
lejos del bosque bochornoso
donde cuelga la pedrería
del quetzal, que de pronto despierta,
se mueve, resbala y fulgura
y hace volar su brasa virgen.
Vuela una montaña marina
hacia las islas, una luna
de aves que van hacia el Sur,
sobre las islas fermentadas
del Perú.
Es un río vivo de sombra,
es un cometa de pequeños
corazones innumerables
que oscurecen el sol del mundo
como un astro de cola espesa
palpitando hacia el archipiélago.
Y en el final del iracundo
mar, en la lluvia del océano,
surgen las alas del albatros
como dos sistemas de sal,
estableciendo en el silencio,
entre las rachas torrenciales,
con su espaciosa jerarquía
el orden de las soledades.
LOS LIBERTADORES
Aquí viene el árbol, el árbol
de la tormenta, el árbol del pueblo.
De la tierra suben sus héroes
como hojas por la savia,
y el viento estrella los follajes
de muchedumbre rumorosa
hasta que cae la semilla
del pan otra vez a la tierra.
Aquí viene el árbol, el árbol
cuyas raíces están vivas,
sacó salitre de martirio,
sus raíces comieron sangre,
y extrajo lágrimas del suelo:
las elevó por sus ramajes,
las repartió en su arquitectura.
Fueron flores invisibles,
a veces, flores enterradas,
otras veces iluminaron
sus pétalos, como planetas.
Y el hombre recogió en las ramas
las corolas endurecidas,
las entregó de mano en mano
como magnolias o granadas
y de pronto, abrieron la tierra,
crecieron hasta las estrellas.
Éste es el árbol de los libres.
El árbol tierra, el árbol nube,
el árbol pan, el árbol flecha,
el árbol puño, el árbol fuego.
Lo ahoga el agua tormentosa
de nuestra época nocturna,
pero su mástil balancea
el ruedo de su poderío.
Otras veces, de nuevo caen
las ramas rotas por la cólera
y una ceniza amenazante
cubre su antigua majestad:
así pasó desde otros tiempos,
así salió de la agonía
hasta que una mano secreta,
unos brazos innumerables,
el pueblo, guardó los fragmentos,
escondió troncos invariables,
y sus labios eran las hojas
del inmenso árbol repartido,
diseminado en todas partes,
caminando con sus raíces.
Éste es el árbol, el árbol
del pueblo, de todos los pueblos
de la libertad, de la lucha.
Asómate a su cabellera:
toca sus rayos renovados:
hunde la mano en las usinas
donde su fruto palpitante
propaga su luz cada día
Levanta esta tierra en tus manos,
participa de este esplendor,
toma tu pan y tu manzana,
tu corazón y tu caballo
y monta guardia en la frontera,
en el límite de sus hojas.
Defiende el fin de sus corolas,
comparte las noches hostiles,
vigila el ciclo de la aurora,
respira la altura estrellada,
sosteniendo el árbol, el árbol
que crece en medio de la tierra.
Algunas bestias
Era el crepúsculo de la iguana.
Desde la arcoirisada crestería
su lengua como un dardo
se hundía en la verdura,
el hormiguero monacal pisaba
con melodioso pie la selva,
el guanaco fino como el oxígeno
en las anchas alturas pardas
iba calzando botas de oro,
mientras la llama abría cándidos
ojos en la delicadeza
del mundo lleno de rocío.
Los monos trenzaban un hilo
interminablemente erótico
en las riberas de la aurora,
derribando muros de polen
y espantando el vuelo violeta
de las mariposas de Muzo.
Era la noche de los caimanes,
la noche pura y pululante
de hocicos saliendo del légamo,
y de las ciénagas soñolientas
un ruido opaco de armaduras
volvía al origen terrestre.
El jaguar tocaba las hojas
con su ausencia fosforescente,
el puma corre en el ramaje
como el fuego devorador
mientras arden en él los ojos
alcohólicos de la selva.
Los tejones rascan los pies
del río, husmean el nido
cuya delicia palpitante
atacarán con dientes rojos.
Y en el fondo del agua magna,
como el círculo de la tierra,
está la gigante anaconda
cubierta de barros rituales,
devoradora y religiosa.
20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA ME GUSTA, Y RESIDENCIA EN LA TIERRA Y CONFIESO QUE HE VIVIDO. COMO POETA ME GUSTA, COMO ESCRITOR TAMBIÉN, COMO HOMBRE, ME HUEBIESE GUSTADO TENERLO ENTRE MIS BRAZOS, LE DESEE TANTAS VECES BAJO EL CIELO INFINITO... Y COMO PERSONA, POCAS PERSONAS HABRÁ EN ESTE MUNDO CON ESA HUMANIDAD TAN ENVIDIABLE, "EL CARTERO DE NERUDA"... PERO EL CANTO GENERAL ME GUSTA TANTO QUE PONGO LA VERSIÓN MUSICADA POR MIKIS THEODORAKIS TAN A MENUDO QUE ME LA SÉ DE MEMORIA. ESA ES MI APORTACIÓN AL HOMENAJE COLECTIVO EN ARTE Y POESÍA.
Olga Santamarta Olga Santamarta Paniagua
Pablo Neruda- Canto general
Hola Mateo. Te escribo aquí porque me está resultando muy difícil introducir comentarios en tu blog. Lo encuentro un poco lioso pero no quiero quedarme sin decirte que he disfrutado del Canto General como hacía tiempo que no lo hacía. Compré ese disco (en vinilo) en Chile y no lo pude pasar a dvd así que no lo había escuchado hacía tiempo. Has unido todo lo grande de Chile, a Neruda y a Matta. Adoro su pintura. Bueno ya lo sabrás porque la subí al blog, además tuve la suerte de admirar la exposición en Bilbao. Fantástica por cierto. Antes había visto obras suyas pero siempre en colectivas y no es lo mismo verlas entre otras a encontrarte con su grandiosidad rodeándote. Ha sido un placer. Un abrazo.
PD: tengo una gran conexión con Chile, país que he recorrido tres veces de punta a punta.
Roberto Matta y sus obras
Poema 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo.
Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Un homenaje de Pasi AvendañoPasi Avendaño

Otra vida cercenada...
Neruda un grande, que le escribiò, al amor, a la libertad. a la tierra, fuè tan prolìfico!
.. No se sorprenda nadie porque quiero
entregar a los hombres
los dones de la tierra,
porque aprendí luchando
que es mi deber terrestre
propagar la alegría.
Y cumplo mi destino con mi canto.
Pablo Neruda
Gracias Mateo, te dejo un fuerte abrazo.

Hola Mateo. Me gusta mucho Neruda y a pocos días del aniversario de su muerte, y con los sucesos que acontecen en Chile en este momento, es un hermoso y sentido homenaje.
Te dejo un poema de su autoría y un video con la canción de Pablo Milanés, que me encantan.
Poema 12... Para mi corazón basta tu pecho...
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
Un abrazo!!
miércoles 7 de septiembre de 2011
J
J
MIÉRCOLES, 11 DE MAYO DE 2011 09:54 FRANCISCO MARÍN*
Todo estaba dispuesto para que el poeta y premio Nobel de
Literatura Pablo Neruda se exiliara en México. Había viajado
de su casa en Isla Negra a Santiago de Chile y un avión
enviado por el gobierno mexicano estaba listo para recogerlo.
Sin embargo, tuvo que ser internado en la clínica Santa
María. Avisó por teléfono a su mujer, Matilde Urrutia, y a su
asistente Manuel Araya que un médico le había puesto una
inyección en el estómago. Unas horas después murió. Araya
–quien estuvo al lado del poeta en sus últimos días– cuenta
a Proceso un secreto que lo ahoga: el poeta “fue asesinado”.
Valparaíso.- El poeta chileno Pablo Neruda “supo a las cuatro
de la madrugada (del 11 de septiembre de 1973) que había un
golpe de Estado. Se enteró a través de una radio argentina que
captaba por onda corta. Ésta informaba que la marina se había
sublevado en Valparaíso.
“Trató de comunicarse a Santiago, pero fue imposible. El
teléfono estaba fuera de servicio. Recién como a las nueve de
la mañana confirmamos que el golpe se había concretado. (…)
Ese 11 de septiembre fue un día caótico y amargo porque no
sabíamos qué iba a pasar con Chile y con nosotros.”
Manuel Araya Osorio habla de Neruda con la familiaridad de quien
ha compartido momentos cruciales con un personaje histórico.
Y sí. Fue asistente del poeta desde noviembre de 1972 –cuando
regresó de Francia– hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973.
El corresponsal se reunió con este personaje el pasado 24 de
abril en el puerto de San Antonio. La entrevista se llevó a cabo
en la casa del dirigente de los pescadores artesanales chilenos
Cosme Caracciolo, a quien Araya le pidió ayuda para develar un
secreto que lo ahogaba: “Lo único que quiero antes de morir
es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”,
asegura a Proceso.
Sólo el diario El Líder, de San Antonio, dio cuenta parcial de su
versión el 26 de junio de 2004. Pero no trascendió por la poca
influencia de este medio.
Araya afirma que siempre ha querido que se haga justicia. Cuenta
que el 1 de mayo de 1974 le propuso a Matilde Urrutia, viuda de Neruda,
aclarar esa muerte. Ambos fueron testigos de sus últimas horas:
durmieron, comieron y convivieron en la misma habitación a partir
del golpe del 11 de septiembre de 1973 y hasta la muerte del poeta, 12
días después, en la clínica Santa María de Santiago.
Pero Araya afirma que Matilde –quien murió en enero de 1985– no
quiso tomar acción alguna para fincar eventuales responsabilidades.
Según él, Urrutia le dijo: “Si inicio un juicio me van a quitar todos los bienes”.
Araya cuenta que en otra ocasión tuvieron una discusión que marcó un
quiebre final en su relación con la viuda. “Me dijo que lo que había pasado
era cosa de ella y no mía, porque yo ya había terminado de laborar con
Pablo, ya no era trabajador y no teníamos nada que ver”.
“Neruda quería que cuando muriera, la casa de Isla Negra quedara para
los mineros del carbón (…) Pero la fundación (Pablo Neruda) se apropió
de su obra y no ha concretado ninguno de sus sueños. A ellos
(los directivos de la fundación) sólo les interesa el dinero”, espeta.
Afirma que hace dos años le entregó a Jaime Pinos, entonces director
de la Casa Museo de Isla Negra, de la fundación, un relato sobre los
últimos días del poeta. “Pero no han hecho nada con esa información,
ni siquiera la han dado a conocer. No quieren que la verdad se sepa (…)
Nunca me han dado la palabra en los actos que organizan
ni siquiera en las conmemoraciones de su muerte”.
Araya proviene de una familia de campesinos de la hacienda
La Marquesa, cerca de San Antonio. Cuando tenía 14 años fue
acogido en Santiago por la dirigente comunista Julieta Campusano,
quien le dio trato de ahijado.
Este vínculo le ayudó, pues Campusano llegó a ser senadora y la
mujer más influyente del Partido Comunista, y gestionó que Araya
recibiera una preparación especial en seguridad e inteligencia, entre
otras materias. Araya escaló rápido. Fue mensajero personal de
Allende antes de fungir como principal asistente de Neruda.
Araya, quien hacía de chofer, mensajero y encargado de seguridad de
Neruda, acepta que el autor de Canto general tenía cáncer de próstata,
pero no cree que esa enfermedad lo matara. Asegura que dicho
padecimiento “estaba controlado” y que Neruda “gozaba de buena salud,
con los achaques propios de una persona de 69 años”.
“Abandonados”
Araya dice que después del golpe del 11 de septiembre, Neruda,
su mujer y el resto de los habitantes de la casa de Isla Negra
quedaron “solos y abandonados”. El contacto con el mundo exterior
se reducía a las noticias que les llegaban a través de una
pequeña radio que Neruda sintonizaba, a las esporádicas
conversaciones telefónicas de un aparato que sólo recibía
llamadas y a lo que les contaban en la hostería Santa Elena, cuya
dueña “era de derecha y sabía todo lo que pasaba”.
Cuenta que el 12 de septiembre llegó un jeep con cuatro
militares. “Todos llevaban los rostros pintados de negro. Yo salí
a recibirlos. (...) El oficial me preguntó quiénes estaban en la casa.
Le tuve que decir que en ese momento estaban Cristina,
la cocinera; la hermana de ésta, Ruth; Patricio, que era
jardinero y mozo; Laurita (Reyes, hermana de Neruda); la señora
Matilde, Pablito (Neruda) y yo.
“El oficial nos señaló que en el domicilio no podía quedar nadie
más que Neruda, Matilde y yo. Entonces tuvimos que
arreglárnoslas entre los tres: dormíamos en la recámara
matrimonial que estaba en el segundo piso. Yo dormía
sentado en una silla, arropado con un chal. Lo hacía para
estar más cerca de Neruda, porque no sabíamos lo que nos iba
a pasar.”
El 13 de septiembre, cerca de las 10 de la mañana, los
militares allanaron la casa. Araya dice que eran como 40
soldados que venían en tres camiones. Iban armados con
metralletas, con las caras pintadas de negro y uniforme
de camuflaje. Vestidos y pertrechados “como si fueran a
la guerra”.
Recuerda: “Entraban por todos lados: por la playa, por los
costados (…) Salí al patio para preguntar qué querían.
Hablé con el oficial que daba las órdenes. Me dijo que abriera
todas las puertas. Mientras revisaban, destruían y
robaban, los militares preguntaban si había armamento,
si teníamos gente escondida adentro, si ocultábamos a
líderes del Partido Comunista (…) Pero no encontraron nada.
Se fueron callados. No pidieron ni perdón. Se sentían dueños
y señores del sistema. Tenían el poder en las manos”.
Añade que como a las tres de la tarde, poco después de
que se habían ido los soldados, llegaron marinos. “Estuvieron
más de dos horas. También allanaron la casa y robaron cosas.
Registraban con detectores de metales. (...) La señora Matilde
me contó que el mandamás de los marinos entró al dormitorio
de Neruda y le dijo: ‘Perdón, señor Neruda’. Y se fue”.
Araya recuerda que durante varios días la marina puso un
buque de guerra frente a la casa del poeta. “Neruda decía:
‘Nos van a matar, nos van a volar’. Y yo le decía: ‘Si nos
tenemos que morir, yo voy a morir en la ventana primero
que usted’. Lo hacía para darle valor, para que se
sintiera acompañado. Entonces le dijo a la señora Matilde:
‘Patoja –que así la nombraba–: mire el compañero, no nos
va a abandonar, se va a quedar aquí’”.
Araya cuenta que conversaciones de ese tipo tenían
lugar en la pieza del matrimonio: ellos acostados y él sentado
a los pies de la cama. “Nos preguntábamos que
haríamos nosotros solos. Pensábamos que a Neruda lo
iban a asesinar. Entonces, resolvimos que la única opción era
salir del país”.
El viaje
Araya narra que Neruda le dijo que su plan era instalarse en
México y una vez en ese país pedir “a los intelectuales y a
los gobiernos del mundo entero ayuda para derrocar a la tiranía
y reconstruir la democracia en Chile”.
Rememora: “Desde la hostería Santa Elena –a menos de 100
metros de la casa de Isla Negra– nos comunicamos con
las embajadas de Francia y México. La de México se portó
un siete (nota máxima en el sistema educativo chileno). El
embajador (Gonzalo Martínez Corbalá) se movilizó para
ayudarnos. Creo que el 17 de septiembre nos llamó para
decirnos que se había conseguido una habitación en la clínica
Santa María. Allí deberíamos esperar la llegada de un avión
ofrecido por el presidente Luis Echeverría”.
El problema era trasladar al poeta a la clínica. “Con Neruda y
Matilde pensamos que la mejor y más segura manera de llegar
hasta allá era en una ambulancia. Mi misión era conseguirla.
Viajé a Santiago en nuestro Fiat 125 blanco y pude arrendar
una ambulancia. (...) Recuerdo que ofrecí como seis veces
más de lo que me cobraban para asegurar que
efectivamente fueran a buscarnos. Acordamos que fueran el 19,
porque ese día la clínica tendría todo dispuesto para recibir a
Pablito.
“Llega el 19 y solicitamos a Tejas Verdes (el regimiento militar
de la provincia de San Antonio) permiso para trasladar a Neruda.
Me dijeron: ‘No estamos dando salvoconductos, menos a Neruda’.
A pesar de la negativa decidimos partir. La ambulancia entró
hasta la puerta que daba a la escalera de su dormitorio. (...)
Al salir se despidió de su perrita Panda, se subió a la ambulancia
y se acostó en la camilla. Neruda y Matilde se fueron en la
ambulancia. Yo los seguí muy de cerca en el Fiat.”
“El viaje fue triste, caótico y terrible. Nos controlaban cada
cuatro o cinco kilómetros, parecía imposible llegar a nuestro
destino. Imagínese que salimos a las 12:30 y llegamos a las
18:30 a la clínica (distante poco más de 100 kilómetros de Isla
Negra).
“En Melipilla fue el control más maldito. Allí Neruda vivió el
momento más terrible. (...) Los militares lo bajaron de la
ambulancia y le registraron el cuerpo y la ropa. Decían que
buscaban armas. Él pedía clemencia, decía que era un poeta,
un premio Nobel, que había dado todo por su país y que
merecía respeto. Para ablandar sus corazones les decía que
iba muy enfermo, pero las humillaciones continuaban. En un
momento lloramos los tres tomados de la mano porque
creíamos que así iba a ser nuestro fin.”
Finalmente la ambulancia llegó a la clínica tres horas más
tarde de lo acordado. “Como llegamos muy cerca de la hora
del toque de queda, no pudimos hacer nada más que quedarnos
todos en la clínica a dormir (…)
“El embajador Martínez Corbalá fue a vernos al día siguiente.
Y también el francés, que nunca supe cómo se llamaba. También
recibimos la visita de Radomiro Tomic y Máximo
Pacheco (dirigentes democratacristianos), de un diplomático
sueco, y de nadie más.”
La inyección misteriosa
Araya dice que los primeros días en la clínica transcurrieron sin
sobresaltos. El 22 de septiembre, la embajada de México
avisó que el avión dispuesto por su gobierno tenía programado
salir de Santiago rumbo a México el 24 de septiembre. Le comunicó
además que el régimen militar había autorizado su salida.
“Entonces Neruda nos pidió a mí y a Matilde que viajáramos
a Isla Negra a buscar sus cosas más importantes, entre
éstas sus memorias inconclusas. Creo que eran Confieso que
he vivido. Al día siguiente –23 de septiembre– partimos temprano
hacia la casa de Isla Negra. (...) Dejamos a Neruda muy
bien en la clínica, acompañado por su hermana Laurita,
que llegó ese día a acompañarlo.”
Asegura que Neruda estaba “en excelente estado,
tomando todos sus medicamentos. Todos eran pastillas, no
había inyecciones. Nosotros nos preocupamos de recoger
todo lo que nos indicó. Estábamos en eso cuando Neruda nos l
lamó como a las cuatro de la tarde a la hostería Santa Elena,
donde le dieron el recado a Matilde, quien devolvió la llamada.
Neruda le dijo: ‘Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró
un doctor y me colocó una inyección’.
“Cuando llegamos a la clínica, Neruda estaba muy afiebrado y
rojizo. Dijo que lo habían pinchado en la guata (el estómago) y
que ignoraba lo que le habían inyectado. Entonces le vemos la
guata y tenía un manchón rojo.”
Araya recuerda que momentos después, cuando se estaba lavando
la cara en el baño, entro un médico que le dijo: “Tiene que
ir a comprarle urgente a don Pablo un remedio que no está en la
clínica”.
Fue a comprar el medicamento y Neruda se quedó con Matilde y
Laurita. “En el trayecto me siguieron sin que yo me diera
cuenta. El médico antes me había dicho que el medicamento
no se encontraba en el centro de Santiago, sino en una
farmacia de la calle Vivaceta o Independencia. Cuando salí por
Balmaceda para entrar a Vivaceta aparecieron dos autos, uno por
detrás y otro por delante. Se bajaron unos hombres y me pegaron
puñetazos y patadas. No supe quiénes eran. Me cachetearon
harto y luego me pegaron un balazo en una pierna.
“Después de todo lo que me pegaron terminé muy mal herido
en la comisaría Carrión, que está por Vivaceta con Santa
María. Luego me trasladaron al estadio Nacional donde sufrí
severas torturas que me dejaron a un paso de la muerte. El
cardenal Raúl Silva Henríquez logró sacarme de ese infierno.
Por eso estoy vivo.”
Neruda murió a las 22:00 horas en su habitación –la número 406–
de la clínica Santa María.
Consultado por Proceso, el director de archivos de la Fundación
Neruda, Darío Oses, dio a conocer la posición de esta institución
respecto de la muerte del poeta:
“No hay una versión oficial que maneje la fundación. Ésta
se atiene a los testimonios de personas cercanas a Neruda en el
momento de su muerte y de biógrafos que manejaron fuentes
confiables. Hay bastantes coincidencias entre las versiones
de Matilde Urrutia en su libro Mi vida junto a Pablo, la de Jorge
Edwards en Adiós poeta y la de Volodia Teitelboim en su
biografía Neruda. La causa de muerte fue el cáncer. Uno de los
médicos que lo trataba, al parecer el doctor Vargas Salazar, le
había advertido a Matilde que la agitación que le producía al
poeta el enterarse de lo que estaba ocurriendo en Chile en
ese momento podía agravar su estado. A esta situación también
contribuyeron el allanamiento de su casa (...) y el traslado
en ambulancia (...) con controles y revisiones militares en el
camino.”
Pero Manuel Araya dice no tener duda alguna: “Neruda fue
asesinado”. Y sostiene que la orden vino de Augusto Pinochet:
“¿De qué otra parte iba a salir?”.
Consejos para Allende
VALPARAÍSO, CHILE.- El presidente chileno Salvador Allende era el visitante
más asiduo de Pablo Neruda en su casa de Isla Negra. “Cuando iba, Allende
siempre le pedía consejos al poeta porque éste era muy sabio en política”,
sostiene Manuel Araya Osorio, exasistente personal de Neruda.
Recuerda, por ejemplo, los consejos que Neruda le dio a Allende sobre las
fuerzas armadas en las semanas previas al cuartelazo, cuando el 23 de
agosto de 1973 la derecha y los militares golpistas forzaron la renuncia d
el general Carlos Prats GonzЗlez, comandante en jefe del ejército.
“Tenemos que descabezar a las fuerzas armadas... Los de nosotros
hacia acá y los otros hacia un lado”, le decía Neruda al presidente.
Araya lamenta que El Chicho (Allende) no le hiciera caso al poeta
en este tema. “Si lo hubiera hecho, la historia habría sido bien diferente.
Otro gallo hubiera cantado, todavía estaríamos en el poder”, dice convencido.
Y cuenta que el 10 de septiembre de 1973 –un día antes del golpe militar–
Neruda le pidió que viajara a Santiago para entregarle un mensaje al
presidente Allende. Se trataba de una invitación a la inauguración de
Cantalao, el refugio para la inspiración y el descanso de los poetas, que
sería precisamente el 11 de septiembre.
En entrevista con Proceso, Mario Casasús, estudioso de la vida de Neruda
y corresponsal en México de El Clarín de Chile, dice que Neruda
había escrito los estatutos de la fundación Cantalao. A ésta traspasaría l
os terrenos de la casa de los poetas del mismo nombre, que están muy
cerca de su casa de Isla Negra.
Araya afirma que Allende lo recibió en su despacho. “Estaba caminando,
parecía nervioso. Leyó la nota de Neruda e inmediatamente redactó una
respuesta. Sin leerla me la guardé en un bolsillo. (...) No tengo idea
lo que decía ese mensaje, pero el presidente me dijo: ‘Dígale al
compañero (Neruda) que mañana yo voy a ir a la Universidad Técnica
(donde anunciaría la realización de un plebiscito) y que posiblemente haya
ruidos de sables este 11 de septiembre’”.
Dice que Neruda, al conocer el mensaje, se quedó muy preocupado
porque entendía el curso que estaban tomando los acontecimientos.
“Esa noche casi no durmió”.
Ese 11 de septiembre “nosotros quedamos completamente abandonados
y solos” afirma Araya. “La muerte del presidente Salvador Allende afectó
mucho a don Pablo. Sin embargo hoy se sentía con la fuerza y entereza
necesaria para seguir luchando por lo que crea justo”.
“Las noticias emitidas por los medios de comunicación nacionales eran
manipuladas por el régimen militar. Sabíamos que eran falsas, que todo
era mentira.”
Araya narra que Neruda se deprimió mucho. Él le pidió que no se pusiera
triste. “Le dije que los militares en un mes le iban a entregar el poder
a la Democracia Cristiana”.
Neruda le replicó: “No compañero, esto va a durar muchos años, como
ocurrió en España. Yo conozco la historia, usted no sabe de golpes de
Estado”.
*Corresponsal en Chile del semanario mexicano Proceso, reportaje publicado
en la edición número 1081 del 8 de mayo de 2011. Se reproduce
en Clarín.cl con autorización del autor.
ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN EL MIÉRCOLES, 11 DE MAYO DE 2011 10:19
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Los deberes del poeta
“Tal vez los deberes del poeta fueron siempre los mismos en la historia. El honor de la poesía fue salir a la calle, fue tomar parte en éste y en el otro combate. No se asustó el poeta cuando le dijeron insurgente. La poesía es una insurrección. No se ofendió el poeta porque lo llamaron subversivo. La vida sobrepasa las estructuras y ...hay nuevos códigos para el alma. De todas partes salta la semilla; todas las ideas son exóticas; esperamos cada día cambios inmensos; vivimos con entusiasmo la mutación del orden humano: la primavera es insurreccional. Yo he dado cuanto tenía. He lanzado mi poesía a la arena, y a menudo me he desangrado con ella, sufriendo las agonías y exaltando las glorias que me ha tocado presenciar y vivir. Por una cosa o por otra fui incomprendido, y esto no está mal del todo”.
Pablo Neruda
— with Cora Mendez Presente, Josías Emmanuel Cortés, Pepin Cordero Cordero, Juanjo Miera, Manu Moreno, Las Bauchi Gin, Rosa Paterna, Alejandro Jusim, E Cristian Jardon Meza, Efrain Jesus Espinoza,Anacleto Chillon Bautista, Silvana Ines Nobile, Amanda Cánepa, Marian Garcia Sastre, Elias Acosta, Azul Profundo, Fernando Gallo, Eduardo Althaus, Emilio Rios Puente, Jorge Ruiz de Larrea, Ricardo Bertolami,Guadalupe Ricaud Iguerategui, Esteban Martinez Brao, Laura DAddato,Asterio Gomez Perez, Gerardo Caviglia, Estela Pereyra, Fernando García García, Guillermo Gianfaldoni, Agustina Marasol, Dora Cordone, Alberto Cánepa, Emilse Traicovich, Mabi Noemi Esperanza, Estela Teitelbaum, Mabel Sánchez Iturriague, Oscar Luis Ferreiro, Ivan Reina, Quique Pole y Alexis Larocca.
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