Fuente de vida -detalle-. Obra de Mateo Santamarta
SEXTA ELEGÍA
HIGUERA, hace ya mucho que percibo tu significación,
cómo saltas casi enteramente el florecer,
y dentro en el fruto resuelto a tiempo preciso
acucias, recatada, tu propio secreto.
Como el caño del surtidor tu curvado ramaje impulsa
hacia arriba y hacia abajo la savia, y brinca de su sueño,
casi dormida, en la dicha de su plenitud más dulce.
Mira: semejante al dios en el cisne
...Pero nosotros nos demoramos,
ay, ciframos nuestra gloria en florecer y traicionados, penetramos
en el meollo tardío de nuestro fruto final.
A pocos les asciende tan fuerte el impulso de la acción
para instarse y arder con el corazón rebosante,
cuando la seducción del florecer, como la brisa suave de la noche,
les toca la juventud de la boca, les toca los párpados:
a los héroes quizá, y a los tempranamente predestinados al más allá,
a quienes la muerte, jardinera solícita, dobla de otro modo las venas.
Éstos se precipitan allí: se adelantan a su propia sonrisa,
como las cuadrigas en los apacibles
bajo-relieves de Karnak al rey victorioso.
Maravillosamente próximo está el héroe a los muertos jóvenes. Durar
no le importa. Su aparecer es ya existir; con firmeza
se toma a sí mismo y entra en la constelación cambiante
de su continuo peligro. Allí pocos podrían encontrarle. Pero
el destino que sombrío nos silencia, entusiasmado de pronto,
canta al héroe en la tempestad de su mundo tumultuoso.
Más yo no oigo a nadie como a él. De súbito me atraviesa
en una corriente de aire el sonido apagado de su canto.
Entonces, ¡cómo quisiera guardarme de la nostalgia: Oh, si fuera,
si fuera yo un niño, si me fuera permitido volver a ser y me sentara
apoyado en unos brazos futuros, y leyera lo que se cuenta de Sansón,
cómo su madre, primero infecunda, parió luego todo!
¿No era ya un héroe en ti, oh madre, no comenzó
allí ya, en ti, su dominadora elección?
Millares se gestaban en tu seno y pugnaban por ser él;
pero mira: el apresaba y soltaba, elegía y podía.
Y cuando derribó las columnas, fue porque irrumpía
del mundo de tu cuerpo en el mundo más angosto, donde
no dejaba de elegir y de poder. ¡Oh madres de héroes! ¡Origen
de ríos impetuosos! Vosotras, abismos, en los que,
desde el borde altísimo del corazón, sollozando
se precipitan ya las muchachas, víctimas destinadas al hijo.
Porque el héroe pasó, cual tempestad, sin detenerse en las paradas de amor,
cada una te transportaba más alto, cada latido de un corazón que por él palpitó;
mas, enmudecidas las sonrisas, el héroe estaba ya lejos, era otro.
Rainer María Rilke.
Copiado de la excelente versión al castellano de Jaime Ferrero Alemparte para la colección Austral de Espasa Calpe ( cuarta edición)
Actualmente hay un Nueva Antología, revisada y ampliada, en la misma colección que también poseo.
He preferido transcribir ésta que tengo desde hace muchos años y la que estoy más acostumbrado.