-Lleva razón en lo que dice; pero no a todos nos han explicado eso; de saberlo, quién iba a ser tan ruin y, por propia conveniencia, ya que el maiz debilita el terreno, parece que lo dejara raspado, a la larga, y hasta hay que dejar que descansen las tierras maiceras...
-Por los caminos ves, vos, y vos que sos correo habrás visto mucho, por que sos impuesto para andar, cada vez son más los terrenos ruineados por los maiceros: lomas peladas, onde ya sólo el agua resbala sobre piedra; planes sin capa vegetal hecha de pelo de muertos que fueron de carne y muertos que fueron de palo; rastrojos que oprimen el alma por lo pedrizo...
-Pero, digo yo, ¿con qué se viste a la familia, si no venden el maiz?
-El que quiere vestir a su familia, trabaja; sólo el trabajo viste, no digo familias, naciones enteras. Los haraganes son los que paran desnudos. Se haraganean con la milpita sembrada, y de la milpita tienen que sacar para comer y para vender, a efecto de vestir a la familia, comprar medicinas que se necesitan, y hasta diviertas con aguardiente y música. Si sembraran el maiz y de él comieran, como los antepasados, y trabajaran, otro gallo cantaría.
Miguel Ángel Asturias ( HOMBRES DE MAIZ)
(ALIANZA EDITORIAL)

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